Últimamente se ha puesto de moda la gimnasia abdominal hipopresiva y me preguntan mucho sobre la diferencia entre el trabajo hiperpresivo que se realiza por ejemplo en un ejercicio de crunch abdominal (las abdominales clásicas de toda la vida) y el trabajo a baja presión o hipopresivo.
Pues la diferencia se encuentra básicamente como su nombre bien indica en la presión, durante el trabajo hiperpresivo se aumenta la presión en la cavidad abdominal y pélvica teniendo repercusión directa sobre el suelo pélvico y en el trabajo hipopresivo se reduce dicha presión, y es precisamente la capacidad de reducir la presión lo que hace que el hipopresivo sea un ejercicio ideal para realizar en un posparto.
De todas formas os voy a desmitificar un poco el trabajo abdominal clásico. Siempre se ha creído que haciendo las típicas abdominales (las de elevar el tronco desde el suelo hasta sentarte), nos harían tener un vientre plano y estupendo, o que realizando los oblicuos (típico ejercicio de sujetar una palo en la espalda y hacer giros de tronco), nos definiría la cintura, y, en realidad las dos cosas son mentira. Cuando trabajamos el recto anterior con las elevaciones de tronco lo más probable es que terminemos con un abdomen duro, si no tenemos mucho grasa corporal se nos podrá apreciar la tableta de chocolate, pero nuestra tripa estará bien lejos de estar plana, más bien estará abombada, a ejemplos me remito: los culturistas ¿os habéis fijado?, ¿tiene la tripa plana? Pues la mayoría de ellos de perfil tienen un abdomen abultado, eso sí, duro como una piedra, pero abultado y con el trabajo de los oblicuos lo único que conseguimos es de todo menos cintura, su contracción hace que la cintura desaparezca.
Además de las consecuencias estéticas también tenemos consecuencias a nivel interno.
Vamos a pensar durante un momento como se encuentran nuestros órganos en nuestro interior, no sé si pensáis que se encuentran flotando libremente por nuestro cuerpo, ocupado el espacio que le corresponde sujeto por una fuerza… no creo que sea así, pero por si acaso os lo explico: Los órganos están sujetos con un sistema de suspensión formado por fascia y ligamentos, dicho sistema de sujeción tiene que luchar constantemente contra la fuerza de la gravedad, ya que aunque muchos queramos no podemos hacer vida tumbado, tenemos que trabajar, ir a la compra, recoger a los niños del cole, hacer desayunos, comidas , cenas y por supuesto a algunos les gusta hasta hacer deporte. Con todo este trajín durante más de la mitad de las 24 horas del día os podéis imaginar cuanto trabaja nuestro sistema de sujeción. Tampoco nos podemos olvidar que todas nuestras estructuras se ven afectadas con el paso del tiempo, que nuestro colágeno se va modificando y todo lo que no tiene que colgar al final cuelga y cuando digo todo, es todo. Por dentro nos pasa lo mismo y este medio de sujeción de los órganos se vuelve más débil y se produce la caída.
Nosotras las mujeres salimos perdiendo, ya que además de todos los inconvenientes anteriormente citados, la biomecánica de nuestro cuerpo tampoco nos favorece, el recto y la vejiga descansa sobre el útero y el final de nuestro útero es la vagina con su correspondiente orificio de entrada y salida, simplemente por anatomía y por la acción de la gravedad es fácil ver que si la vejiga o el recto pierden su sistema de sujeción cuando los órganos empiecen a caer van a buscar la salida vía vaginal, y aquí es donde tenemos los prolapsos de cuarto grado.
A todo esto tenemos que sumar que ciertas circunstancias de la vida de la mujer como son el embarazo y el parto nos hacen más susceptibles a que el sistema de sujeción se vea puesto en tensión para volver luego a la normalidad.
Aunque no solo el embarazo y el parto es causa de prolapso, la gente que padece estreñimiento crónico tiene muchas posibilidades de terminar con prolapsos ya que la mayoría realiza el esfuerzo para defecar en lo que llamamos valsalva (esfuerzo en apnea con abdomen abombado y empujando hacia abajo).
Los hombres aunque no tiene vagina también tienen sus problemas que se encuentran en la pared abdominal, dicha pared tiene algunos orificios para el paso de estructuras anatómicas y si existen situaciones de empujes repetitivos, como estreñimiento, o fuerzas mal gestionadas como algunos deportistas de élite, se producen las herniaciones de las asas intestinales.
Si a todos estos factores naturales, la gravedad, el estreñimiento crónico, embarazos y partos, le sumamos ejercicios de aumento de presión como son las abdominales clásicas, realizando elevaciones de tronco como si fuéramos a sentarnos, en los que los órganos de la cavidad abdominal son empujados hacia abajo porque les estamos quitando el espacio en dicha flexión y llevándolos hacia el suelo de la cavidad abdominal, es decir nuestro suelo pélvico, que los sujeta sí, pero en detrimento de su funcionalidad porque en cada uno de las elevaciones recibe una tensión que lo que va produciendo es la pérdida de contención y fuerza del suelo pélvico.
Si encima realizamos 100 repeticiones de dichos empujes y no tenemos conciencia de nuestro suelo y no lo activamos antes de cada una de ellas y no solo eso, sino que algunas veces empujamos más hacia el exterior os podéis hacer una idea de cómo sufre nuestro periné en todo ese proceso.
Muchos inicios de lesiones están ahí, pero cuando somos jóvenes no lo notamos porque el tejido conjuntivo es firme y es capaz de tolerar el sobreuso, pero cuando seguimos desarrollándonos, teniendo hijos, yendo a correr, haciendo mil abdominales más, yendo a pilates, apuntándonos a spining, clases de step, etc. ya ponemos a nuestro periné en demasiado tensión, provocando que empecemos a tener problemas. Al principio no le daremos importancia pero poco a poco se pueden ir convirtiendo en un problema higiénico y social si cada vez que estornudamos o tosemos tenemos que estar pendientes de cruzar las piernas, o pararnos si estamos andando para evitar una pérdida de orina, o que se nos escape un gas.
Puede que esa lesión de suelo pélvico que rápidamente hemos achacado al parto provenga de aquellas series de abdominales que realizamos para tener cinturita de avispa o simplemente de una mala costumbre que simplemente hay que reeducar.
Al-Alma apuesta por prevenir y reeducar antes de tener que lamentar lesiones que acaban con nuestra calidad de vida. Pregúntanos, sabemos de lo que hablamos.

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