Cada semana se acercan padres a nuestro centro preguntando por el Yoga para Adolescentes y Preadolescentes e interesándose por los beneficios y métodos de práctica en estas edades.

Por ese motivo hemos decidido dedicar esta entrada a la práctica del Yoga a partir de los 11/12 años, o como a nosotros nos gusta llamarlo:  YOUNG YOGA

Todos somos ya conocedores de los amplios beneficios que aporta la práctica de Yoga a adultos y niños, pero vamos a centrarnos en esta etapa de cambios y cómo el Yoga puede ser una herramienta clave en la gestión de los mismos.

Durante la adolescencia, los niños empiezan progresivamente a experimentar cambios físicos, emocionales y sociales que les llevan a realizar la transición a la vida adulta. Del sano desarrollo de estos cambios depende la estabilidad de los chavales en esta etapa, y los padres nos preguntamos qué herramientas podemos poner a su disposición y cómo podemos ayudarles a gestionar tantos cambios.

Durante ésta etapa, los chavales toman sus referencias de su entorno de iguales y las procesan con las herramientas que tienen a sus disposición. Su entorno y ellos mismos cambian muy rápido y a menudo se sienten abrumados y a la deriva, inseguros.

LOS CAMBIOS FÍSICOS

Sus cuerpos cambian de forma brusca y sienten la necesidad de sentirse dentro de los cánones de estética establecidos, comienza la preocupación por su físico y éste no siempre acompaña sus expectativas. Esta preocupación a menudo va acompañada de un desconocimiento de los cambios que sufre su cuerpo, de sedentarismo, del aumento de las horas de estudio y por tanto de inactividad física. Su autoestima depende en gran medida de cómo viven su cuerpo. Es la etapa de desarrollo de complejos, de creación de malos hábitos posturales, de la pérdida de elasticidad y del desarrollo de problemas de columna.

En la práctica de Yoga empiezan a desarrollar la propiocepción, sintiendo y entendiendo su cuerpo de forma íntegra. Aprenden a respetar y querer su propio cuerpo a la vez que lo trabajan de forma intensa y segura. Entienden cómo funcionan sus músculos, sus articulaciones, su espalda. Aprenden otra visión de su forma física y a valorarse desde otro prisma. Aprenden la búsqueda del bienestar físico.

Sin darse cuenta, se enganchan con una actividad atractiva para ellos, pues satisface en cierta medida sus ganas de conseguir nuevos retos. Comparten un espacio con sus iguales sano y en base a otro orden de importancia y desarrollo.

Se produce una corrección postural que nace desde el profundo conocimiento y trabajo de la columna, lo que evita lesiones futuras y ayuda a desarrollar la musculatura profunda de su espalda, confiriéndoles estabilidad y firmeza y reduciendo ampliamente los efectos de escoliosis y cifosis tan típicas en estas edades.

A través del Yoga aprenden a respetar su cuerpo y el de los demás.

LOS CAMBIOS EMOCIONALES y SOCIALES

La adolescencia es la etapa primordial en el desarrollo de la inteligencia emocional. Los chavales reciben todo tipo de estímulos, en gran medida provenientes de los medios de comunicación, películas, videojuegos, internet, que les dictan lo que supuestamente está bien o mal y cómo deben gestionar la inseguridad, los fracasos, los errores, los rechazos…

Aprenden erróneamente que existen emociones malas y emociones buenas, a reprimir aquellas emociones “negativas”. Son bombardeados con mensajes sobre lo que debe ser la base de su bienestar y su felicidad.

Las relaciones entre iguales se intensifican, llegando a ser su entorno de referencia primordial. Surgen conflictos intensos y de cómo sean gestionados depende su estatus y posicionamiento dentro del grupo.

Los procesos hormonales les someten a cambios emocionales constantes, pasan de una emoción a otra de forma brusca y es cada vez más difícil para ellos establecer una mínima ecuanimidad en su sentir.

La práctica del Yoga les ayuda a conocer y gestionar sus emociones desde el amor y el respeto a ellos mismos. Les enseña que toda emoción es simplemente un estado temporal con el que no es necesario identificarse.

Aprenden habilidades para gestionar sus emociones, reducir la angustia, apaciguar su ira o enfado, desidentificarse con las frustraciones y errores, y lo hacen en un entorno amable y respetuoso con su individualidad.

Equilibran su cuerpo y su mente logrando aumentar la ecuanimidad en sus acciones y sentir. La práctica calma su mente.

BENEFICIOS EN EL ESTUDIO

Uno de los factores fundamentales en esta etapa es el aumento de la dedicación al estudio y tareas escolares. A menudo los padres nos agobiamos con las horas que deben dedicar a su formación, les saturamos con actividades extraescolares para que mejoren su rendimiento académico y les retiramos de las actividades de ocio y tiempo libre.

Esta demostrado que más horas de estudio no necesariamente implican mejores resultados y a menudo nos olvidamos de que el estado emocional y de la capacidad de atender de forma eficaz sus tareas son decisivos.

La práctica de Yoga mejora considerablemente su capacidad de concentración en una tarea concreta, ayuda a la gestión de las tareas mentales, simplificando sus procedimientos. Les enseña a buscar la motivación en cada actividad y a desarrollar las actividades con confianza y orden.

Parar una o dos horas a la semana para practicar Yoga no es perder horas de estudio, es ganar eficiencia y concentración para llevar a cabo la actividad de la semana y aprender que cuidarse a uno mismo a todos los niveles es la base para el correcto desarrollo de sus habilidades. Es importante enseñarles a parar sin sentirse culpables por ello, sabiendo que a veces un stop, es la solución a una necesidad de mayor actividad.

TRABAJANDO VALORES

Además de una práctica física, el Yoga es una filosofía de vida con unos principios extrapolables a cualquier actitud de la vida.

En la práctica con adolescentes, los principios del Yoga se trabajan mediante dinámicas vivenciales, música, relatos, debidamente estudiados y adaptados, aportando una visión compasiva y amorosa de las relaciones sociales, lo que les ayuda a posicionarse en su entorno con seguridad y buenhacer.

No se dan lecciones sobre cómo hay que hacer y cómo no las cosas, se vivencian situaciones reales, se analizan profundamente los conflictos y ellos mismos descubren nuevas formas de relacionarse con ellos mismos y con los demás.

 

Por todo esto y más, la práctica del Yoga es una herramienta fundamental durante la adolescencia, una forma de presentarles una filosofía de vida y salud, pero sin duda esto es algo que quedará entre nosotros, puesto que para ellos la práctica de Yoga es esta etapa no será más que una hora de diversión y complicidad, un espacio donde se sienten seguros, afrontan retos mentales y físicos y del que salen deseando volver, ¡sintiéndose fenomenal!

Propón a tu hijo o hija venir a probar una de nuestras clases… ¡nosotros haremos el resto!

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